La Santería

La Santería

La Santería de Lucena: Orgullo, identidad y herencia

Los lucentinos somos tremendamente afortunados por albergar y haber sabido mantener, con ahínco y mimo, nuestra tradición más señera. La santería, reconocida recientemente como Bien de Interés Cultural, constituye el eje vertebrador y el principal signo distintivo de una Semana Santa que, desde el año 2003, está declarada de Interés Turístico Andaluz.

Constituye mucho más que un estilo o una técnica. Estamos ante un modelo procesional único en el mundo, dotado de una liturgia propia, una estética ritualizada y una gestualidad que trasciende lo funcional para convertirse en lenguaje simbólico. Además, lejos de responder a cánones foráneos que encontramos en municipios vecinos de la Subbética cordobesa, la santería articula una tradición plenamente autónoma, transmitida oralmente y vivida por todos aquellos que la sienten durante los trescientos sesenta y cinco días del año.

Orígenes e historia de una tradición viva

La Semana Santa lucentina remonta su origen al siglo XVI, como otras tantas en Andalucía, aunque existen precedentes anteriores. Se consolida con fuerza a lo largo del siglo XVII y primera mitad del XVIII, momento en el que la ciudad vive un florecimiento cultural y religioso con la fundación de nuevas hermandades y el auge de la devoción pasionista, viviendo un importante declive en el siglo XIX marcado por las desamortizaciones y la prohibición de celebraciones públicas.  

Concretamente en 1838, la Archicofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno decreta la supresión del antiguo sistema de porte conocido como paso a correón —en el que se usaban correas de cuero anchas para portar las andas enganchadas al pecho—, y promueve el porte a hombros. Es precisamente este gesto el que marca el inicio de una evolución estética y simbólica que derivará en la santería actual.

Quizás el fenómeno de la santería, que se configuraba en los años finiseculares del XIX y prolongado de manera favorable en el pueblo, sirvió de acicate a las manifestaciones religiosas públicas de Lucena de la incomprensión e incluso de la hostilidad que éstas sufrieron en otras localidades españolas.

El término santero con el que el pueblo comenzó acertadamente a llamar a los antiguos insignieros o portadores de pasos, descendientes de los antiguos correonistas, aparece por primera vez, en letras de imprenta, en un artículo publicado en el número 99 del periódico local La Alianza de 1907 en el que se hace crónica de una procesión con la imagen de Santa Teresa, portada por “los llamados santeros que la llevaron…”.

A partir de la década de 1970, Lucena vive un nuevo esplendor con la refundación de varias hermandades, el incremento del patrimonio cofrade y la progresiva consolidación de la santería como forma exclusiva de portar los pasos. Hoy, Lucena procesiona tronos todos los días de la Semana Mayor y lo hace con un modelo identitario que es seña de identidad local y único en el mundo entero. 

Un modelo procesional singular y único en el mundo

La santería en Lucena es el modo peculiar de procesionar los tronos sobre el hombro, a cara descubierta y al ritmo del tambor, cuyo valor antropológico, etnográfico y emocional trasciende lo estandarizado. Es un rito único en el mundo y de señeros valores estéticos, siendo particular el hecho también de que no se ensaya: se vive en plenitud en el instante procesional. Además del tambor, existe también otro toque característico y propio de Lucena, el torralbo, una corneta que anuncia la llegada de determinados pasos con una melodía metódica. Bajo las órdenes del manijero, santero designado por la cofradía para dirigir el paso al toque del timbre, la cuadrilla (compuesta por 24, 26 o 28 varones, 36 en el caso del trono de María Santísima de Araceli en la procesión el día de su onomástica) guía sus pasos al son del tambor variando en función de la imagen, dramatizando con ello la escenificación pasionista.

El santero no interpreta un papel: encarna una herencia. Su paso firme y su disciplina compartida son expresión de un patrimonio inmaterial que se transmite de generación en generación. En este modelo se resume la forma de entender la religiosidad de un pueblo. Las cuadrillas se componen temporalmente para cada santería y sus miembros se eligen por afinidad, respeto y experiencia. 

El manijero lidera la cuadrilla y el porrillas, siempre desde fuera del trono, lo asiste. También destacan en la cuadrilla los esquineros (quienes ocupan las esquinas del trono) y el cuadrillero, figura responsable de la elección del manijero que, a día de hoy, solo se conserva en las cofradías de Nuestro Padre Jesús Nazareno, la Nuestro Padre Jesús en su Entrada a Jerusalén y Nuestra Señora de la Soledad. En los restante casos, es la propia cofradía o hermandad la que designa al manijero seleccionado entre los aspirantes a tal honor que hacen saber su intención mediante una carta remitida a la institución. Conviene destacar que, en Lucena, ni el manijero ni su cuadrilla repiten nunca al frente del mismo paso. Esta singularidad otorga a cada estación penitencial un carácter único e irrepetible, cargado de emoción y de un valor especial para quienes la viven. Importante resaltar también que la santería ha generado un vocabulario propio que la define y que acumula decenas de expresiones propias.

El ciclo ritual completo: de la campana al gasto

El ciclo anual de la santería comienza con la recogida del timbre por parte del manijero, acto que marca el inicio simbólico de su compromiso. A partir de ahí comienza a aviar su cuadrilla, seleccionando con mimo a cada santero. Le siguen las juntas en las que se comparte comida o bebida en un ambiente fraternal, donde se estrechan lazos entre santeros, se refuerza la confianza en el manijero y se renueva la tradición oral de la santería, acompañado del toque del tambor y de las saetas de santería. Destacan entre ellas las juntas: oficial (a la que acuden miembros de la cofradía y autoridades), de esquina (única para los santeros de una esquina concreta), sitios (donde el manijero otorga a cada uno su puesto en el trono) y marca (en la que se talla la estatura de los santeros para, mediante cuñas de madera, igualar la altura de todos ellos). Además, destaca en todas las juntas, especialmente la marca,  las indicaciones que el manijero traslada a sus santeros sobre el modo en que quiere que se realice la santería del paso en concreto, subrayando que la santería jamás se ensaya: se produce el mismo día de la procesión sin posibilidad de práctica previa más allá de la propia experiencia que el santeo atesora con el paso de los años.  

El día de la santería comienza con el vestir al santero: pantalón de medio ancho, botas negras, camisa sin cuello acompañada de gemelos, faja, cinto, capirote sin cubrir el rostro, pañuelo blanco al cuello y túnica del color de la cofradía o hermandad. Siempre bien aseado y afeitado. Tras el ritual de la santería, momento solemne en el que participa la familia y que cada santero suele realizar en su hogar, el santero acude a la casa de su manijero (y del cuadrillero en el caso de las cofradías que mantienen esta figura) para compartir un café, regado con anís y dulces típicos de la época como prestiños o magdalenas, y se inicia el tradicional paseíllo hacia el templo acompañados del toque del tambor. 

Cuando el reloj marca la hora y el paso de ubica en el atrio del templo, transportado desde los asones al son del Himno de España interpretado por la agrupación musical que espera en la plaza, tiene lugar la echá al hombro en tres tiempos (muslos, sangría y hombro), a las órdenes del manijero “¿Estáis?” y tras responder el santero de la esquina mala “¡Puestos!”, confirmando así que cada  santero ocupa su lugar: esquina, contraesquina, pata, contrapata, varal, repisón y cimbra (en algunos casos).

Aquí comienza la santería cuyo paso, siempre al son del tambor, difiere si se trata de Cristo, Virgen o paso de misterio, existiendo el maceteao, el reposao, el botao o el pingao, dejando atrás la “santería de contras” protagonista de décadas atrás. Las maniobras incluyen la vuelta cuadrada y las órdenes del manijero se emiten, tras un siseo, con el toque de campana.

Una vez finalizada la estación de penitencia, tiene lugar el refresco, comida de cuadrilla celebrada el mismo día. Semanas después, el manijero organiza el gasto, último acto simbólico con el que se disuelve la cuadrilla.

Santería y ciudad: patrimonio y proyección

La santería, en sus manifestaciones de Pasión y de Gloria, no solo vertebra el calendario cofrade de Lucena, sino que se erige en auténtico motor de la economía cultural de la ciudad. En torno a ella gravita un entramado de oficios y saberes: talleres de imaginería, bordado, orfebrería, bronce, talla en madera, la creación de música procesional, el mantenimiento de casas-hermandad y museos cofrades, además de sectores como la hostelería y el comercio, que encuentran en estas celebraciones un impulso vital. Todo ello convierte a la santería en un patrimonio vivo y generador de comunidad, en el que tradición, cultura y desarrollo se entrelazan.

Lucena es hoy un modelo de autenticidad proyectada al mundo. Desde la solemne entrega de la campana al manijero hasta el último redoble del tambor que marca el final de la estación penitencial, la santería late como identidad colectiva, como herencia compartida y como una manera singular de estar y entender el mundo. No se trata únicamente de un rito heredado, sino de una experiencia vital que se transmite de generación en generación, un legado inmaterial y universal que no se explica con palabras: se vive, se siente y se comparte.

Las esquinas se organizan en: esquinero, contraesquina, pata, contrapata, varal y repisón. Cada una cuenta con su propio esquinero como figura responsable, aunque todas permanecen siempre bajo las órdenes del manijero. A la hora de marcar el movimiento del paso, el trono se divide en dos partes: delantera, que agrupa a los santeros de las esquinas del manijero e izquierda; y trasera, que reúne a los santeros situados en las esquinas conocidas como mala y de la salud.

Fuente documental del texto: Libro ‘Nota para la historia de las cofradías lucentinas’ de Francisco López Salamanca, cronista oficial de Lucena (2022)

Fotografías: Jesús Cañete Fernández

Infografía del trono: DIEV Diseño Evolutivo

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