Piadosa, Humilde y Fervorosa Hermandad y Cofradía del Santísimo Cristo del Amor, Ntro. Padre Jesús de la Crucifixión y María Santísima de la Paz «Campanitas»

Nombre Popular:
Amor y Paz
Fundación:
Sede Canónica:
Iglesia Mayor Parroquial de San Mateo Apóstol
Imaginería:
- Santísimo Cristo del Amor (Cabeza de Alonso Cano, finales siglo XVII, y cuerpo de Luis Tibao y Andrés Cordón, 1808) – Trono de 24 santeros
- Misterio de la Crucifixión (Pedro Muñoz de Toro – siglo XIX) – Le acompañan dos soldados romanos y un centurión a caballo obra de Francisco Javier López del Espino en 2024 – Trono de 28 santeros
- María Santísima de la Paz Campanitas (Juan Martínez Cerrillo – 1983) – Trono de 28 santeros
Hermano Mayor:
Francisco Caro Puertas
Salida procesional:
Martes Santo – 19:30 horas
Número de hermanos:
575
Túnica de los hermanos:
Roja con antifaz y cordón blanco.
Túnica de los santeros:
Roja, capirote y cordones blancos (Amor), cardenal y cordón blanco (Crucifixión), y blanca y cordón rojo (Virgen)
La Piadosa, Humilde y Fervorosa Hermandad y Cofradía del Santísimo Cristo del Amor, Ntro. Padre Jesús de la Crucifixión y María Santísima de la Paz «Campanitas» fue fundada en Lucena en 1969, con un marcado carácter juvenil y estrechamente vinculada a la Organización Juvenil Española (O.J.E.). En sus primeros años fue conocida como Cofradía de la Juventud, naciendo del entusiasmo y la iniciativa de un grupo de jóvenes lucentinos que impulsaron la creación de una nueva hermandad en la ciudad. Don Juan Parejo Pineda fue elegido como su primer hermano mayor.
La imagen escogida como titular fue el Nazareno de San Mateo, venerado en el camarín del retablo mayor de la parroquia, frente al Sagrario. La elección respondió no solo a su notable valor artístico, sino también al profundo simbolismo devocional que la imagen encarnaba para la juventud lucentina de la época.
El Santísimo Cristo del Amor presenta una singular riqueza artística fruto de distintas etapas históricas. La cabeza fue tallada por Alonso Cano a finales del siglo XVII, representando fielmente el barroco granadino, mientras que el cuerpo fue realizado en 1808 por los escultores lucentinos Luis Tibao y Andrés Cordón. Esta conjunción de la maestría granadina con la devoción local dio lugar a una talla que pronto se convirtió en uno de los iconos de la Semana Santa de Lucena. El Martes Santo de 1970, el Cristo del Amor procesionó por primera vez por las calles de la ciudad.
En 1973, la Hermandad incorporó al cortejo procesional el Misterio de la Crucifixión, aunque debido al delicado estado de conservación de las imágenes, únicamente procesionó ese año. No sería hasta 2014 cuando el misterio volvió a procesionar de forma definitiva, continuando desde entonces como una de las escenas más significativas del Martes Santo lucentino.
En 1983, la Hermandad adquirió la imagen de María Santísima de la Paz, obra del imaginero cordobés Martínez Cerrillo. Conocida popularmente como la Virgen de las Campanitas, su paso se distingue por el característico tintineo de pequeñas campanas suspendidas de los varales, símbolo de promesas cumplidas y recuerdo permanente de los hermanos difuntos.
Por su parte, el Misterio de la Crucifixión, obra del escultor Pedro Muñoz de Toro y Borrego (1793-1872), representa los instantes previos a la crucifixión con un profundo valor artístico e iconográfico. Tras su única salida procesional en 1973, fue restaurado por Salvador Guzmán Moral y recuperado definitivamente en 2014 como pieza clave del patrimonio de la Hermandad.
Con el objetivo de intensificar el dramatismo de la escena, la Hermandad acometió la renovación de las figuras secundarias. Bajo el mandato de José Luis Crespillo Guardeño, el nuevo conjunto, realizado por el escultor Francisco Javier López del Espino, fue presentado el 15 de marzo de 2024, fecha que coincidió providencialmente con la festividad de San Longinos, el centurión romano que, según la tradición, atravesó el costado de Cristo y reconoció su divinidad al exclamar: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Mateo 27, 54).
La escena renovada incorpora tres figuras romanas de fuerte simbolismo: Longinos, ejecutor de la lanzada, que recupera la vista al contacto con la sangre de Cristo y se convierte; Abenadar, encargado de despojar a Jesús de sus vestiduras, que se transforma interiormente al presenciar su muerte; y Estefatón, quien ofrece la esponja con vino y vinagre, perforando la cruz con su barrena.
Estos personajes refuerzan la narrativa visual del conjunto, evocando la redención y el misterio eterno del Calvario. La corona del Señor está compuesta por espinas y cardos, símbolos del pecado y del sufrimiento humano. Las espinas representan, según la tradición cristiana, la carga del pecado que Jesús asume durante la Pasión, mientras que los cardos aluden a la condición caída del hombre desde el Génesis. Entretejidos sobre su frente, ambos elementos se transforman en signos de redención, dignidad y victoria. El trono del Señor de la Crucifixión fue realizado en 2014 por Orfebres Gradit, según diseño de Javier Aguilar, constituyendo una auténtica joya de la orfebrería contemporánea inspirada en las corrientes barrocas y románticas de los siglos XVIII y XIX. La ornamentación combina motivos geométricos y vegetales, con hojarascas y veneras delicadamente entrelazadas. En los espacios resultantes aparecen casetones y flores, entre ellas la flor de lis, símbolo de realeza y pureza espiritual. En los frentes y costados se disponen cartelas ovaladas con altorrelieves del escultor Adrián Valverde, que representan escenas clave de la Pasión de Cristo:
En el Misterio de la Crucifixión, cada elemento del trono trasciende la mera escultura. La serpiente, la calavera y los dados no simbolizan la derrota, sino la victoria de Cristo. Despojado y humillado, aparece como el Redentor que vence al pecado y al mal mediante su sacrificio en la cruz, iniciando el camino de la salvación.
La calavera, situada al pie de la cruz, recuerda la finitud de la vida humana y anuncia la posibilidad de una existencia nueva a través de la redención, evocando a Adán, cuya caída es restaurada por el sacrificio del Redentor. La serpiente, tradicional símbolo del mal, se transforma aquí en emblema de victoria: donde comenzó la caída, comienza también la redención. Los dados aluden al sorteo de la túnica de Jesús por los soldados, reflejando la indiferencia humana ante el sacrificio divino y narrando, de forma silenciosa, la tragedia del Calvario.
*Fuente Documental: Notas para la historia de las cofradías lucentinas (Francisco López Salamanca – 2022), Programa Oficial de la Semana Santa de Lucena 2026, y documentación aportada por la propia cofradía.
*Fotografías: Jesús Ruiz Jiménez ‘Gitanito’, Rafael Fotografía y Jesús Cañete Fernández.