Cofradía y Hermandad de Tambores Enlutados del Santísimo Cristo de la Salud y Misericordia

Nombre Popular:

El Silencio

Fundación:

1955

Sede Canónica:

Iglesia Mayor Parroquial de San Mateo Apóstol

Imaginería:

Santísimo Cristo de la Salud y Misericordia (Escuela Granadina – siglo XVII) – Trono de 24 santeros

Hermano Mayor:

Francisco Moreno Carmona

Salida procesional:

Jueves Santo – 00:00 horas

Número de hermanos:

920

Acompañamiento musical característico:

Tambores roncos enlutados y trompeta con el toque de Silencio

A

Túnica de los hermanos:

Negra con antifaz blanco, escudo de la cofradía bordado y cíngulo de dos cabos con dos y tres nudos respectivamente en evocación de las cinco llagas de Cristo.

A

Túnica de los santeros:

Negra y capirote blanco.

El acta de nacimiento de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Salud y Misericordia tiene como fecha el día 8 de marzo de 1955, momento en que el claustro de profesores del Instituto de Enseñanza Media y Profesional Marqués de Comares de Lucena, a instancias del señor director del centro José Garzón Durán, estudia la posibilidad de constituir una cofradía cuyos miembros tuvieran carácter estudiantil, vinculada a la imagen de un Cristo crucificado, siendo su primera salida procesional la madrugada del día 7 de abril de 1955, Jueves Santo.

Para la creación de la referida Cofradía, el director del Instituto Laboral realizó varias gestiones con las RR.MM. Clarisas al objeto de que cedieran un Cristo de la Expiración que aquellas poseían en su convento, obra de Pablo de Rojas. Ante la negativa de las monjas clarisas para la cesión del referido crucificado, la imagen conseguida fue la del Cristo de los Desamparados, que presidió durante siglos la capilla del hospital que regentaba la Escuela de Cristo y que fue trasladada y expuesta al culto en la parroquia de San Mateo con motivo de la celebración del XIX centenario de la muerte de Cristo.

El origen geográfico del director del instituto, natural de Salamanca, influyó sin duda en la severidad de aquel primer cortejo procesional de la cofradía. El silencio absoluto de los participantes —que lo exigían igualmente a los espectadores— y la oscuridad de las calles del itinerario colaboraron a que, a nivel popular, tuviera éxito inmediato la denominación del Silencio para una imagen a cuya advocación se había unido oficialmente solo el sobrenombre de los Estudiantes. La “puesta en escena” de la procesión con la imagen del Cristo muerto en la cruz, iluminada únicamente por cuatro grandes cirios sobre hachones, contribuyó decisivamente a crear una actitud de recogimiento público que, en esta procesión más que en ninguna otra, forma parte esencial de su identidad. Desde su primera salida procesional, la Cofradía realizó su estación de penitencia durante los años siguientes de manera prácticamente ininterrumpida.

La presencia en Lucena durante los años 1969 y 1970 de una cofradía de tambores de Baena, acompañando el paso procesional del Santísimo Cristo del Silencio, marcó profundamente no solo a esta Cofradía sino también a un grupo de devotos del Cristo y aficionados al toque del tambor que, ante el vacío que la ausencia de los de Baena representaba y enamorados de su peculiar toque, promovieron que, a comienzos de 1971 —oficialmente el 21 de marzo—, se sugiriera a la junta de gobierno de la cofradía la posibilidad de constituir en nuestra ciudad una Hermandad de Tambores Enlutados, inspirada en la de Baena, con la finalidad específica de acompañar con sus roncos y solemnes sones el desfile procesional del Santísimo Cristo de la Salud y Misericordia. En este momento nace la actual Hermandad de Tambores Enlutados.

Ambas entidades —Cofradía y Hermandad de Tambores— coexistieron de manera independiente durante la década de los años setenta. Fue en 1980 cuando se fusionaron ambas instituciones en cabildo general de hermanos celebrado el día 8 de febrero, pasando desde ese momento a denominarse Cofradía y Tambores Enlutados del Santísimo Cristo del Silencio. La nueva situación originada tras la fusión supuso un trasvase de miembros de la antigua Cofradía del Silencio, todavía vinculada sentimentalmente al Instituto Marqués de Comares. Tal como se había acordado y exigía la nueva situación de la Cofradía, a lo largo de 1980 se elaboraron los nuevos estatutos, que fueron presentados a los hermanos para su conocimiento en cabildo celebrado el 30 de enero de 1981 y posteriormente ratificados por la autoridad diocesana.

Asimismo, cabe destacar que además de la estación de penitencia que la Cofradía realiza en la madrugada del Jueves Santo, en sesión celebrada el 14 de marzo de 1973 se estableció realizar con carácter indefinido la salida de la cofradía el Viernes de Dolores para celebrar el Vía Crucis en acto de penitencia. Para esta ocasión, uno de los hermanos fundadores de la hermandad compuso los textos correspondientes a las catorce estaciones. Este ejercicio piadoso, de gran severidad y con diferentes itinerarios en cada edición, es abierto por los tambores enlutados con su clásico y solemne toque. Les sigue la cruz de guía precediendo a los hermanos de luz y, a continuación, la imagen del Cristo en la cruz, llevado a hombros por cuatro hermanos e iluminado únicamente por cuatro antorchas. Para el rezo de cada estación, el crucificado es colocado verticalmente.

A pesar de las lógicas dificultades iniciales, el paso del tiempo junto con la profunda devoción que el Cristo del Silencio despierta en el pueblo de Lucena ha permitido que la Cofradía y Hermandad haya crecido de manera muy importante desde sus orígenes hasta la actualidad. Actualmente, la corporación está formada por un total de 923 hermanos, de los cuales aproximadamente 300 realizan habitualmente las estaciones de penitencia.

La venerada imagen del Santísimo Cristo de la Salud y Misericordia —Cristo del Silencio y de los Estudiantes— es una talla por ahora anónima, encargada probablemente por la congregación de la Escuela de Cristo a finales del siglo XVII a algún escultor, posiblemente granadino. El desconocido autor planteó la escultura dentro de la mayor frontalidad y simetría posibles, colaborando a esta intención la propia cruz en la que se sitúa: plana, oscura y con el único añadido del “titulus”. Solo pequeños detalles y la obligada disimetría provocada por la superposición de los pies, sujetos con un solo clavo, alteran levemente la rotundidad simétrica de la figura.

Seguramente a instancias de quien realizó el encargo, el escultor trató de expresar la serenidad y grandeza de la muerte de Jesús, consiguiendo una especie de Cristo en majestad, triunfante pese al suplicio. Y aunque se trata de una obra nacida en pleno barroco, en una época marcada por el dramatismo expresivo, no existe en este Cristo concesión alguna al efectismo. Sin embargo, conmueve profundamente y llama a la piedad y a la meditación de los fieles.

En contraposición a otras imágenes de la época, en el Cristo del Silencio solo tenues regueros de sangre descienden desde la frente herida por la corona de espinas o se deslizan desde la llaga del costado, las manos traspasadas y los pies clavados. Las rodillas, que en otras representaciones aparecen descarnadas, muestran únicamente leves hematomas. Sin ser una obra maestra de la imaginería, la sencillez constituye precisamente la clave de su enorme éxito estético y devocional.

La cabeza de este Crucificado de tamaño natural y correctas facciones aparece ya vencida por el rictus de la muerte, con los ojos cerrados y la cabeza inclinada hacia delante, apoyando la barba sobre el pecho. La larga cabellera, tallada en ondulados mechones paralelos que producen sensación de humedad, cae sobre espalda y pecho dejando visible únicamente la oreja izquierda.

La escultura, concebida para ser contemplada desde abajo y a cierta distancia, mantiene plenamente sus proporciones y corrección anatómica, destacando especialmente el tratamiento de piernas y brazos. Especial mención merece el paño de pureza, de acertados pliegues, anudado sobre el costado derecho mediante una elegante cinta decorada con franjas rojizas y blancas. La imagen presenta así al Cristo-hombre ya cadáver, transmitiendo un silencio sobrecogedor y exigiendo, de algún modo, un respetuoso silencio que invita al recogimiento, la oración y la meditación.

El trono actual en el que procesiona la imagen del Cristo del Silencio consta de un total de 24 santeros. Fue en 1971 cuando la Cofradía estrenó la canastilla de estilo neorrenacentista con cresterías, decorada con cartelas de metal dorado representando las catorce estaciones del Vía Crucis, contrastadas con fondos de terciopelo carmesí. Para este conjunto se adquirieron los asones y casquetes procedentes de un paso procesional malagueño. El severo conjunto se completó con los cuatro tradicionales hachones de madera torneada en color nogal oscuro.

El mal estado de conservación del trono motivó que en los años 1991 y 1992 se acometieran importantes trabajos de reparación, así como la restauración de asones, casquetes y cartelas. Sin embargo, fue en 1995 cuando se encargó el proyecto de un nuevo trono para el Cristo del Silencio. El diseño fue realizado por el hermano fundador José Ropero, autor igualmente de los hachones donados en 1996.

Las tallas del paso están inspiradas en detalles de los retablos del convento de San Juan de Dios, obra de los artistas lucentinos Francisco José Guerrero y José de Boda, dos de los grandes artífices del barroco andaluz. Para su ejecución se empleó madera de cedro. La canastilla consta de cuatro retablos —frontal, trasero y dos laterales— remarcados por moldurones ingleteados y tallados.

En el frontal destaca una cartela tallada con hojas de acanto, adornada con copete calado y óvalo central con el escudo de la Cofradía, flanqueada por casetones con cartelas de latón dorado con motivos de la Pasión realizadas en los talleres Angulo. La cartela trasera incorpora la leyenda de la hermandad y mantiene la misma composición ornamental. Los laterales presentan tres ménsulas recortadas y talladas que dividen cada costado en cuatro casetones con escenas de la Pasión. Las esquinas se rematan con volutas y hojas de acanto.

Coronando la parte superior de la canastilla se dispone una crestería completamente recortada, calada y tallada. Este paso procesionó en 1999 en una primera fase de ejecución. El ensamblaje corrió a cargo de Bernardo Rodríguez y el inicio de la talla fue realizado por José Ropero. En el año 2000, completada la segunda fase, el paso procesionó en madera de cedro natural. Finalmente, en 2001 se ejecutó el dorado en pan de oro, combinando zonas bruñidas y superficies matizadas. Las cartelas delanteras y traseras, así como las escenas de la Pasión, fueron policromadas y estofadas en los talleres del dorador y restaurador Cristóbal Cubero, de la vecina ciudad de Priego de Córdoba.

*Fuente Documental: Notas para la historia de las cofradías lucentinas (Francisco López Salamanca – 2022), Programa Oficial de la Semana Santa de Lucena 2026, y documentación aportada por la propia cofradía.

*Fotografías: Jesús Ruiz Jiménez ‘Gitanito’ y Jesús Cañete Fernández.

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