Venerable Archicofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno

Nombre Popular:
Jesús Nazareno
Fundación:
Sede Canónica:
Iglesia de San Pedro Mártir de Verona y Capilla de Nuestro Padre Jesús Nazareno
Imaginería:
- Nuestro Padre Jesús Nazareno (Talla anónima de mediados del siglo XVI) – Trono de 26 santeros
- Santa Mujer Verónica (Luis Álvarez Duarte – 1995) – Trono de 24 santeros
- Santa María Magdalena (Luis Álvarez Duarte – 1995) – Trono de 24 santeros
- San Juan Evangelista (Francisco Salzillo – siglo XVIII) – Trono de 24 santeros
- Nuestra Señora del Socorro (Luis Álvarez Duarte – 1995) – Trono de 26 santeros)
- La Santa Cruz (Castillo y Costi – 1893) – Trono de 24 santeros
- Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo (Miguel Verdiguier – siglo XVIII) – Trono de 24 santeros
Hermano Mayor:
Juan Torres Tenllado
Salida Procesional:
Viernes Santo – 6:00 horas (Nuestro Padre, Mujer Verónica, María Magdalena, Juan Evangelista, Nuestra Señora del Socorro)
Viernes Santo – 20:00 horas (Santa Cruz, Santo Entierro, María Magdalena, Juan Evangelista, Nuestra Señora del Socorro)
Número de hermanos:
2.530
Acompañamiento musical característico:
Lleva torralbo y capilla musical de viento y coro que interpreta el Miserere. Tras el paso de la Virgen del Socorro la Sociedad Didáctico Musical “Banda de Música de Lucena”.
A las 3:00 h de la madrugada tiene lugar la tradicional Llamada de Hermanos, por las calles de la ciudad, a cargo de la Hermandad de Tambores.
Túnica de los hermanos:
Morada y capirote muy largo sin cubrerrostro de igual color, añaden cordón de pita amarilla. Tras la imagen del Jesús, hacen estación mujeres penitentes vestidas de riguroso negro con velo y corona de espinas que portan cruces de madera.
Túnica de los santeros:
Morada y capirote de igual color.
En torno a la antigua imagen de Jesús Nazareno y de un, hoy desaparecido, Cristo yacente, parece se constituyó, a principios del siglo XVI, la cofradía denominada del Gran Poder de Dios, en la ermita de Santa Catalina de Siena, englobada, a partir de 1570, por la fundación dominicana del Convento de San Pedro Mártir.
El 14 de marzo de 1599, los hermanos don Diego Cererato de Castañeda, clérigo, don Diego de Escalona Chacón, don Francisco de Cárdenas, Francisco Cerrato de Castañeda, Juan del Día, Juan de Castro Urbino, Pedro de Garay, don Antonio de Fonseca, el licenciado Juan Ruiz de Córdoba, el licenciado Alonso Valera, Luis de Morales el jurado, Gonzalo Martín del Valle, Antoni Cuello, Antón Luque de la Cruz y el Hermano Mayor electo don Juan Fernández de Angulo, se reunieron para fundar, tomando como base las reglas de la mencionada cofradía del Gran Poder de Dios, una nueva Hermandad bajo la titularidad de Jesús Nazareno, cuyas reglas fueron aprobadas el 26 de septiembre del mismo año por el entonces Obispo de Córdoba don Francisco Reinoso.
La primitiva capilla de esta advocación se ubicó en principio en la nave de la Epístola junto a la torre, tras escritura de venta otorgada ante el Escribano Bartolomé de Andía el 2 de marzo de 1642, por un precio de ochocientos reales. No obstante, en cabildo de la Cofradía celebrado el 26 de agosto de 1758, a causa de ciertas desavenencias entre los cofrades y la comunidad dominica, el Hermano Mayor don Antonio Rafael de Mora y Saavedra dijo “que llevado en su gran fervor a Nuestro Padre Jesús, a solizitado con grande anelo fabricarle a Su Majestad y a las demás Imágenes propias de estas Cofradía una Capilla lo más dezente que pueda ser en las casas propias de Nuestro Padre Jesús”, previa la licencia del Señor Obispo y el consentimiento de don Diego López de Haro y Capote, capellán de l a capilla de Santa Catalina, situadas en el crucero del templo.
Encomendada la obra al Maestro de albañilería Vicente del Castillo y al cantero Andrés Cordón, se inició la edificación, si bien con frecuentes detenciones, lo cual motivó el ofrecimiento del Hermano Mayor de edificarla a su costa y dotarla de un tercio de sus cuantiosos bienes, a cambio del Patronato para él y su familia sobre la Capilla. Aceptada su propuesta de Junta General de hermanos de 28 de noviembre de 1762, continuaron lentamente las obras hasta el fallecimiento de don Antonio Rafael de Mora en 1783. La negativa de los herederos a cumplir las voluntades testamentarias del Hermano Mayor con respecto a la Capilla motivaron un largo pleito que originó la retirada del derecho del Patronato y la liberación de todos los compromisos económicos a cambio de una compensación con cuyo importe añadido a las limosnas de los devotos, pudo al fin finalizarse la obra, trás rehacer el ambicioso proyecto inicial, en 1803.
Más tarde, hacia 1838, el cierre del templo de San Pedro Mártir con motivo de la Desamortización de los Bienes Eclesiásticos, obligó a la hermandad a finalizar la obra de un segundo cuerpo “que se encontraba en jerga y se usaba para labrar la zera”, y, tras tapiar la comunicación con la iglesia aneja, abrir una puerta a la plaza, a cuyo fin la ciudad cedió “para mayor luzimiento” de la obra cierto espacio de la vía pública.
En otro orden de cosas, la historia de la Venerable Archicofradía se vio afectadas por los obispos cordobeses, los cuales, en los inicios del siglo XIX, e influenciados por el pensamiento ilustrado, mostraron una actitud contraria a ciertas manifestaciones religiosas populares. En 1807, el obispo Pedro Antonio de Trevilla prohibió prácticas como el pregón de la sentencia, el desprendimiento y el uso del correón para trasladar los pasos procesionales, aunque este último se mantuvo ocasionalmente hasta su prohibición definitiva en 1839. Durante este periodo, la imagen de Jesús fue enriquecida con una nueva cruz de plata y una túnica bordada por Francisca Gutiérrez Calderón, conocida como «persa».
La exclaustración de las órdenes religiosas en 1835 generó preocupación en la cofradía, que temía la pérdida del templo de San Pedro Mártir como lugar de culto. Para proteger su espacio, en 1844 se añadió un almacén a la capilla y se abrió una puerta hacia el llanete. Aunque el Estado expropió los bienes de la cofradía, las décadas siguientes registraron un notable aumento de la devoción y del número de hermanos, marcando un periodo de auge para la hermandad.
A mediados del siglo XIX, la iglesia de San Pedro Mártir fue clausurada debido al riesgo de ruina. En 1866, se hundieron las bóvedas del presbiterio y parte del crucero, destruyendo varios retablos. Ante el peligro de nuevos derrumbes, las imágenes fueron trasladadas temporalmente a la iglesia franciscana de la Madre de Dios, regresando dos años más tarde. La inestabilidad política y económica del país, especialmente tras el derrocamiento de Isabel II, impidió la reconstrucción del templo. Sin embargo, la cofradía mantuvo su pujanza y logró adquirir nuevos enseres, como una cruz de plata elaborada en 1892 por el platero Francisco Castillo y Costi, y un trono neogótico en 1906. En el tránsito al siglo XX, la cofradía se vio envuelta en conflictos internos y políticos, con denuncias de fraude electoral y disturbios. La intervención del obispo en 1905 logró apaciguar la situación y modificar los estatutos para restablecer la estabilidad. Durante la II República, las procesiones fueron prohibidas en los años 1932, 1933 y 1936.
La cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno atravesó a mediados del siglo XX un periodo de irregularidad administrativa que fue resuelto por el obispo Adolfo Pérez Muñoz. Este, mediante una medida drástica pero necesaria, decretó la suspensión e inmediata erección de la hermandad bajo nuevos estatutos. La reorganización fue conducida por una junta provisional presidida por Pedro Jiménez Alba, que estableció que el hermano mayor sería designado por el prelado, mientras que la junta de gobierno sería elegida por un pequeño porcentaje de hermanos mediante insaculación. En esta nueva etapa fue elegido como presidente Felipe Torres Muñoz, bajo cuyo mandato se celebró en 1944 el primer besapié a la imagen de Jesús.
Una década más tarde, en 1953, el obispo fray Albino González nombró como hermano mayor a José de Mora Romero. Este asumió el reto de recuperar el solar de la antigua iglesia de San Pedro Mártir, cedido por la diócesis, pero las obras quedaron inacabadas. La fragilidad estructural del edificio provocó en 1969 un derrumbe que destruyó varios tronos procesionales, lo que obligó a reducir la procesión del Viernes Santo a las imágenes de Jesús Nazareno y la Virgen del Socorro. En 1972, con Juan Palma Garzón como nuevo hermano mayor, se emprendieron importantes renovaciones. Se encargó un nuevo trono de estilo neobarroco para Jesús, se mejoraron los enseres y vestimentas de los titulares y, en 1973, se logró sustituir la antigua imagen mariana por una Dolorosa barroca de gran calidad artística. En 1975 se llevaron a cabo obras de mejora en la capilla y en la vivienda del sacristán, durante las cuales la imagen de Jesús fue trasladada temporalmente a la parroquia de Santo Domingo. A partir de 1978, con Francisco Muñoz Gómez como hermano mayor, se emprendió un nuevo impulso estructural: se reincorporó al cortejo la imagen de San Juan gracias a la adquisición de un nuevo trono. Además, en 1982, una reforma estatutaria devolvió a los cofrades la facultad de elegir democráticamente al hermano mayor. En los años posteriores se encargaron nuevos tronos para María Magdalena y la Verónica, culminando en 1989 el conjunto completo de imágenes para la procesión del Viernes Santo.
Con la elección de José María Cañete Mora en 1990, la cofradía vivió una etapa de renovación estética y espiritual. Se confeccionó un nuevo manto para la Virgen del Socorro y se instauró el pregón en honor a Jesús Nazareno. En 1993 se encargó la restauración de la imagen de Nuestra Señora del Socorro al escultor Luis Álvarez Duarte, pero esta fue destruida por un incendio poco después. El mismo imaginero entregó una nueva imagen en vísperas de la Semana Santa siguiente y fue también el autor de las nuevas tallas de María Magdalena y la Verónica, que reemplazaron a las anteriores entre 1996 y 1997.
El año 1999 marcó una fecha clave: el IV centenario de la fundación de la cofradía. Se organizaron numerosos actos conmemorativos, se editaron publicaciones y se aprobaron nuevos estatutos. Poco después, ya bajo el mandato de Gonzalo Beato Cobos, se restauraron los lienzos de la capilla y se puso en marcha un ambicioso proyecto: la reconstrucción de la iglesia de San Pedro Mártir. Esta iniciativa contó con el respaldo del obispo Juan José Asenjo y avanzó con la colocación de la primera piedra en 2006. Paralelamente, se estrenó un nuevo trono tallado y dorado para la urna del Santo Entierro.
La crisis económica provocó una paralización de las obras, pero en 2010, ya con Eduardo Cortés Jiménez como hermano mayor, se retomaron los trabajos. Se restauró la fachada, se reconstruyeron muros y cubiertas, y se rehabilitó la espadaña y las portadas. En 2011, la imagen de Jesús fue enviada al Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico para su restauración, proceso que duró nueve meses. En 2013, fallecido Cortés, asumió la dirección Gonzalo Beato Cantizani. Durante su gestión se concluyeron la sacristía, la vivienda del santero, la cúpula semiesférica de la nave central, las bóvedas laterales y un columbario subterráneo. Las obras finalizaron con la colocación de solerías, cristalería y sistemas eléctricos, y el templo fue solemnemente bendecido el 14 de marzo de 2014, en un acto multitudinario con la presencia de tres obispos y numerosos sacerdotes.
Durante el nuevo mandato de Beato Cantizani se trabajó intensamente en la amortización del crédito necesario para las obras, financiado gracias a la ocupación de columbarios, donativos y actividades organizadas por la cofradía. El renovado templo permitió una mayor participación de fieles y la incorporación de nuevos cultos, como el triduo a la Virgen del Socorro y la festividad de San Juan Pablo II, cuya imagen también fue incorporada al templo. Se enriqueció el patrimonio con piezas como la túnica de las rosas y se restauraron mantos y pedestales antiguos.
Cumplido su mandato en 2020, la pandemia provocada por la COVID-19 obligó a suspender las procesiones y cultos durante dos años. Ante esta situación, el obispo Demetrio Fernández prorrogó el mandato de la junta de gobierno. Superada la crisis sanitaria, en las elecciones convocadas resultó elegido Juan Torres Tenllado. Su equipo asumió no solo las responsabilidades económicas heredadas, sino también el compromiso de mantener la calidad de los cultos y de promover nuevas restauraciones, como las del Cristo Yacente y San Juan Evangelista.
En 2024, la cofradía celebra su 425o aniversario con un extenso programa de actos que comenzó en octubre de 2023 con la presentación de un cartel conmemorativo, un logotipo y un calendario de actividades. La historia reciente de esta hermandad es, sin duda, la de una comunidad viva, profundamente arraigada en la devoción, que ha sabido combinar la fidelidad a su tradición con una constante renovación y un compromiso activo con su legado cultural y espiritual.
Nuestro Padre Jesús Nazareno y Santa Cruz
Escultura de talla completa aunque vestida: es de tamaño algo mayor que el natural. Hacia el comienzo del siglo XVII le fueron articulados los brazos para, mediante un resorte, impartir la bendición al pueblo en la mañana del Viernes Santo. De ancestral devoción en Lucena, no se conocen detalles sobre su autoría ni sobre la fecha de ejecución, aunque algunos autores han visto características similares que lo vinculan con la producción de Jerónimo Quijano (1500-1563) discípulo de Jacobo Florentino. No obstante, el análisis estilístico del rostro revela un momento anterior al de la constitución de la Cofradía en 1599. La imagen del Nazareno con la cabeza vuelta ligeramente hacia la derecha, nos muestra un rostro afilado y completamente simétrico incluso en los risos de la barba. Puede considerarse obra de transición entre el último gótico y el Renacimiento y por ello datable en el primer tercio del siglo XVI. Es probablemente, según estudio efectuado por la historiadora el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. La Santa Cruz de Nuestro Padre Jesús, de plata en su color y realizada por el platero cordobés Castillo y Costi en 1893, es la misma que procesiona por la tarde en el trono de la Santa Mujer Verónica.
Nuestra Señora del Rosario
Talla policromada, de unos 120 cm. de altura, incluido el pedestal. Representa a María, con túnica ricamente estofada, gargantilla muy ceñida al cuello y manto que le cubre la cabeza y que, tras rodear su brazo derecho, cruza hacia el izquierdo, con el cual sostiene al Niño, graciosamente escorzado en ademán de volverse hacia su Madre para tocar su rostro mientras con la mano izquierda sostiene una especie de fruta u orbe. Aparecida recientemente en un hueco tapiado de la cripta de la capilla debió permanecer al desaparecido convento anejo de San Pedro Mártir. Presenta huellas de haber tenido una estrella sobre la frente. Es obra anónima del último tercio del siglo XVI.
Urna del Santo Entierro y Cristo Yacente
La urna es de Talla dorada: 187 cm. de largo, 125 cm. de ancho y 200 cm. de alto, incluido el pedestal. La urna se alza sobre una peana molduradas de planta mistilínea con decoración de carácter vegetal en esgrafiados y en realce, elevadas sobre seis ángeles plañideros a modo de atlantes. El féretro está acristalado dentro de finos marcos de talla en los que se hallan embutidos pequeños espejos apareciendo asimismo cabecitas de querubines. Lleva como remates en las esquinas sendas pirámides, y en el centro un orbe orlado con cabezas angélicas. Es obra de Pedro de Mena y Gutiérrez a quien la encargó la Cofradía en 1769.
El cristo yacente es una talla completa de tamaño algo menor que el natural que tiene los brazos articulados con objeto de realizar el acto del Descendimiento, ceremonia que se realizaba antaño en la Cofradía. Para sustituir a un Cristo anterior, denominado del Gran Poder de Dios, se encargó su factura al escultor Miguel de Verdiguier en el año 1774. El referido cristo fue restaurado por Doña Ana Infantes durante el mandato como mayor del Sr. Juan Torres Tenllado.
Nuestra Señora del Socorro
La imagen de Nuestra Señora del Socorro, popularmente conocida como la Virgen de la Capilla, es una figura central en las procesiones de Viernes Santo en Lucena, con su participación documentada desde 1666, acompañando al Nazareno junto a la Magdalena, San Juan y la Verónica.
A lo largo de su historia, la imagen ha sido objeto de varias intervenciones. En marzo de 1943, se envió a Granada al escultor Manuel Salvatierra García para una reforma significativa, incluyendo la colocación de una nueva cabeza que expresara la solemnidad adecuada para un paso de su categoría. Este trabajo tuvo un costo de 850 pesetas por la cabeza, aunque en las cuentas de ese año se registra un gasto de 929,85 pesetas por un busto de Nuestra Señora de los Dolores.
En 1973, se concretó la cesión a la archicofradía de la imagen de la Virgen de los Dolores del hospital de Nuestra Señora de los Desamparados, un intento que ya se había realizado sin éxito en 1942. Este proceso se demoró por cambios en el arciprestazgo, pero finalmente se llevó a cabo. Más tarde, en la junta general del Corpus de 1992, se decidió encomendar la restauración de la imagen de Nuestra Señora del Socorro, que estaba muy deteriorada, al escultor sevillano Luis Álvarez Duarte por un valor de 750.000 pesetas. La restauración se realizó entre el verano y el otoño de 1993, y la imagen regresó a su hornacina a principios de noviembre de ese año. Sin embargo, un mes después, la noche del 7 de diciembre de 1993, un incendio parcial, que se presumió intencionado debido a la presencia de velillos debajo de los bancos y en la hornacina de San Juan, destruyó parte de la imagen. Inmediatamente se contactó a Álvarez Duarte para evaluar los daños.
Tras la visita del escultor en enero de 1994, se determinó que el deterioro era tan grave que la restauración de la imagen original era imposible. Por lo tanto, se acordó la creación de una nueva imagen por un costo de 1.500.000 pesetas. Álvarez Duarte se comprometió a entregarla para el Domingo de Ramos. Se formó una comisión para recaudar fondos, y la nueva imagen fue entregada en la capilla el 23 de marzo de 1994, siendo bendecida por el obispo de la diócesis al día siguiente.
San Juan Evangelista
Imagen de vestir, con cabeza, manos y pies de talla. Tamaño natural. Hay constancia en los inventarios de esta Cofradía de una imagen de San Juan, quizás obra del lucentino Pedro de Mena, que fue vendida a la Cofradía de Jesús de Jauja en el año de 1789. En su lugar fue adquirida ésta, de indudable calidad artística. En un principio se atrituyó a Miguel de Verdiguier, pudiendo datarse en torno a 1780. Sin embargo, tras la restauración realizada en el año 2023, según nos consta a través de las palabras de su restauradora, Dña. Ana Infante, podría incluso atribuirse su autoría al imaginero murciano Francisco Salcillo. La autoría de la factura de San Juan Evangelista al artista murciano fue corroborada por el doctor en historia Don José Alberto Fernández Sánchez.
Santa Mujer Verónica y Santa María Magdalena
El 16 de julio de 1994, el hermano Dionisio Algar propuso a la junta de gobierno que se encargase al imaginero sevillano Luís Álvarez Duarte la elaboración de unas nuevas imágenes de María Magdalena y de la santa mujer Verónica, con ello se incorporarían al patrimonio de la archicofradía y al lucentino dos verdaderas obras de arte, salidas de las gubias de uno de los más prestigiosos escultores contemporáneos. Manifestó que en conversaciones mantenidas con el Álvarez Duarte durante el proceso de elaboración de la imagen de la Virgen del Socorro había concertado su hechura en 2.500.000 pesetas, entregando una para estrenarla en 1995 y otra en 1996. Por unanimidad, esta interesante propuesta fue aprobada.
San Juan Pablo II
El anterior consiliario de la Venerable Archicofradía, D. Nicolás Rivero tuvo la feliz idea de plantear su deseo de que la imagen del Papa Juan Pablo II que estaba realizando el imaginero lucentino Fco. Javier López del Espino para nuestra archicofradía. Dicha imagen fue bendecida por el desaparecido papa Francisco en Roma. D. Demetrio Fernández, nuestro querido obispo, acogió dicha idea como suya y por su trabajo e interés, lo que parecía un sueño, se hizo realidad aquella mañana de febrero.
Tronos de Nuestro Padre Jesús Nazareno y de la Virgen del Socorro
El 29 de julio de 1972, la junta conoció los proyectos de los dos nuevos tronos con inclusión de las ánforas y la candelería, que bajo un presupuesto de 825.000 pesetas, presentaba la Casa Angulo. Tras deliberación, se acordó su elaboración, así como la de las parihuelas correspondientes, encargando a la comisión económica la gestión de los créditos bancarios precisos para su financiación y responsabilizándose de los mismos todos los miembros de la junta solidaria y mancomunadamente.
El viejo trono, de estilo neogótico, de Jesús Nazareno, fue adquirido por la cofradía del Santísimo Cristo del Amor, por 50.000 pesetas. Y el de la Virgen del Socorro fue cedido el 12 de agosto de 1973, a la cofradía de Nuestra Señora de los Dolores (Servitas).
Tronos de San Juan Evangelista, Santa Mujer Verónica y Santa María Magdalena
El 30 de mayo del 2018, se aprobó en Junta Ordinaria de la Venerable Archicofradía de Nuestro Padre adjudicar los trabajos de ejecución del trono de San Juan Evangelista a Orfebres Gradit, con el diseño calado sobre fondo de terciopelo morado., realizando su primera estación de penitencia el 19 de abril del 2019.
Se diseñó del nuevo primer cuerpo de la canastilla, obra del creador pontanés Javier Aguilar, siguiendo el estilo neogótico del trono tan característico del mismo, con cartelas en vanos lobulados y flamígeros, con decoración vegetal con volutas y floral con rosas. Todo coronado con cresterías y pináculos.
Se realizaron las cartelas repujadas y caladas, dejando ver un fondo en terciopelo morado, en la frontal se aprecia una capilla flamígera con una imagen en su interior del símbolo del evangelista, un águila sobre el evangelio, restaurándose y completando el segundo cuerpo con ventanales ojivales rematados por una crestería de púas que se había prácticamente perdido con el tiempo. La parte superior del trono es para la nueva peana, realizada también con los mismos motivos góticos, vegetales y florales. Los cuatro magníficos faroles góticos de fundición y los dos candelabros de tres guardabrisas se han restaurado y se les ha dado un nuevo baño de plata de ley.
El 18 de junio del 2019, la Junta de Gobierno acordó en sesión ordinaria, encargar la restauración de los tronos, tanto de María Magdalena como de la Santa Mujer Verónica, a Orfebres Gradit, siguiendo la línea de diseño presentada en el trono recientemente estrenado. Se realizó un boceto y un diseño del conjunto del trono, respetando la imagen neogótica de los elementos que ya tenía, y añadiendo la nueva parte inferior de la canastilla, la peana, y los nuevos candelabros. Una vez aprobado, se procedió a desarrollar los diseños a tamaño natural y a cincelar las primeras piezas.
La canastilla consta de dos cuerpos, el inferior en el que sólo había terciopelo, se ha cambiado, sustituyendo la tela por una nueva y colocando unas molduras repujadas con motivos geométricos y unas cartelas con hojarascas caladas que permiten ver el terciopelo morado de fondo. La parte superior ya tenía cartelas neogóticas, que se han restaurado y mejorado en algunos aspectos. La peana se ha realizado con molduras repujadas con motivos geométricos y vegetales y con cartelas de diseño neogótico con motivos arquitectónicos y florales. Se han realizado unos nuevos candelabros de cinco y tres luces que completan los tronos. También con el mismo estilo, constan de un amplio pie cuadrado con motivos arquitectónicos y florales, brazos ascendentes y adornos vegetales.
Todo ha sido acabado en baño de plata de ley, patinada y lacada. Sin embargo, con la llegada de la pandemia de la COVID-19, no fue hasta el 15 de abril del 2022 cuando se pudieron estrenar por las calles de Lucena.
*Fuente Documental: Notas para la historia de las cofradías lucentinas (Francisco López Salamanca – 2022), Programa Oficial de la Semana Santa de Lucena 2026, y documentación aportada por la propia cofradía.
*Fotografías: Jesús Ruiz Jiménez ‘Gitanito’ y Jesús Cañete Fernández.