Patrimonio

Artesanía Cofrade

La Semana Santa y las festividades de Gloria de Lucena no solo son expresiones de fe y tradición, sino también un verdadero motor cultural, artístico y económico que ha dado forma a un sector artesanal de enorme prestigio. En torno a ellas, generación tras generación de maestros artesanos han conservado y renovado oficios ligados al arte sacro, convirtiéndose en guardianes de un saber transmitido a lo largo de siglos.

Lucena cuenta hoy con un rico entramado de talleres de artesanía cofrade, que son, en sí mismos, parte del patrimonio de la ciudad. La orfebrería, el bronce, la imaginería, la talla en madera, el bordado o la sastrería de penitentes y santeros conforman un universo creativo que nutre cada año tanto a las cofradías de Pasión como a las hermandades de Gloria, trascendiendo las fronteras de Andalucía y llegando a encargos de toda España e incluso del extranjero.

Orfebre lucentino – Fotografía de la Delegación de Turismo del Ayuntamiento de Lucena

Escultor lucentino – Fotografía de la Delegación de Turismo del Ayuntamiento de Lucena

Orfebrería lucentina – Fotografía de la Delegación de Turismo del Ayuntamiento de Lucena

Entre estas manifestaciones, ocupa un lugar central la orfebrería lucentina, reconocida internacionalmente por la calidad de sus piezas. Los talleres producen tronos, enseres, ánforas, cálices, candelería, cruces, coronas, incensarios y, además de lo vinculado a la Semana Santa, el célebre Velón de Lucena, convertido en símbolo de identidad de la ciudad. Sus trabajos, cargados de brillo y solemnidad, adornan los pasos de hermandades de Pasión y de Gloria, llevando el nombre de Lucena a procesiones por toda la geografía nacional.

Junto a la orfebrería destaca también la imaginería y restauración, con nombres como Francisco Javier López del Espino, José Daniel Henares, Adrián Valverde Cantero o Antonio Ortega, escultores contemporáneos que han sabido mantener vivo el lenguaje clásico de la imaginería procesional al tiempo que desarrollan una obra personal reconocida con premios y exposiciones a nivel internacional. A éstos se suman el restaurador Manuel Espejo Mármol o los especialistas de talla en madera de tronos, con nombres referentes  en todo el territorio nacional como Juan Jiménez. Importante mención también a los talleres de fabricación de madera donde se construyen los parigolones, andas de gran tamaño, formadas por cuatro largos varales dispuestos en paralelo, atravesados en su centro por otros, formando una especie de tablero sobre el que se asienta la canastilla. También los carpinteros lucentinos elaboran, a mano, las cuñas o piezas de madera que, colocada en el sitio de un santero en el trono, lo iguala en la altura de su hombro con el de mayor talla.

Santero ajustándose el cinto elaborado artesanalmente – Fotografía de Jesús Cañete Fernández

La indumentaria del santero —túnica, pantalón de medio ancho, faja, cinto, pañuelo, camisa y botas— junto a los hábitos de nazarenos y penitentes, se elaboran con esmero contribuyendo a la estética, solemnidad y singularidad de la Semana Santa lucentina.

Varios son los establecimientos que se dedican a ello: zapateros tradicionales que confeccionan las botas para soportar el peso del trono, mercerías donde se adquieren telas y complementos, talleres donde se cosen túnicas o espacios en los que aún se realizan a mano los cintos de santero. En los días previos a la Semana Santa, las costureras y tintorerías de la ciudad ven duplicado su esfuerzo para que todo esté en perfecto estado cuando llegue el día. 

Pero esta actividad no se limita únicamente a las cofradías de Pasión. También las hermandades de Gloria acuden a estos talleres para vestir a sus cuadrillas y preparar a los devotos que participan en romerías y procesiones como la de María Santísima de Araceli, patrona de Lucena y del Campo Andaluz.

A este universo de oficios se suma además la confección de otras indumentarias tradicionales vinculadas a la vida festiva de la ciudad. Entre ellas destaca el traje de lucentina, típico regional de Lucena, caracterizado por su chaqueta ricamente adornada con terciopelos y agremanes, acompañada de delantales de tul bordados que forman parte del patrimonio textil local.

Taller de bordado lucentino – Fotografía Archivo de la Agrupación de Cofradías de Lucena

Traje regional lucentino – Fotografía Archivo de la Agrupación de Cofradías de Lucena

Del mismo modo, los trajes de flamenca utilizados por los hermanos de la Hermandad del Rocío completan este paisaje de tradición y artesanía.

Los talleres de bordado en oro y seda completan este mapa artesanal que mantiene y enriquece el inmenso patrimonio artístico de las cofradías y hermandades lucentinas. Cada taller es un espacio donde se entrelazan tradición y creatividad, oficio y devoción. Los artesanos no solo producen objetos de gran valor estético, sino que ponen en ellos parte de su propia identidad, conscientes de que cada pieza será protagonista en los desfiles procesionales de Pasión y Gloria.

Por último, no debemos olvidar a los expertos en realización de exornos florales, uno de esos trabajos que sostienen la estética y el sentido de la Semana Santa. Detrás de cada paso y de cada altar de cultos hay profesionales que conocen el lenguaje de la flor y saben adaptarlo a cada imagen, a cada momento y a cada cofradía. No se trata solo de decorar, sino de acompañar: elegir especies, colores y formas que refuercen el carácter de la escena, respeten la tradición y dialoguen con el conjunto. Un oficio que combina técnica, sensibilidad y conocimiento, y que forma parte esencial de la preparación de la Semana Santa de Lucena.

Toda esta actividad genera un pequeño ecosistema de oficios que mantiene viva una parte esencial del patrimonio material e inmaterial de la ciudad. Porque detrás de cada túnica, cada cinto o cada par de botas hay manos expertas que, año tras año, contribuyen a que la santería y las celebraciones religiosas de Lucena conserven su identidad propia y su cuidada estética ritual. Como ocurre con la propia santería, estas tradiciones se transmiten de generación en generación y forman parte del modo en que la ciudad vive y expresa su religiosidad popular.

Velón de Lucena – Fotografía de la Delegación de Turismo del Ayuntamiento de Lucena

Durante la Cuaresma y también en el tiempo de fiestas patronales, muchos de estos talleres abren sus puertas a visitas guiadas, ofreciendo al público la oportunidad de conocer de cerca los procesos de creación y el esfuerzo que encierra cada obra. Estas iniciativas permiten valorar la dimensión cultural y económica de la artesanía lucentina, que constituye un activo estratégico dentro de la oferta turística y patrimonial de la ciudad.

En definitiva, los talleres artesanos de Lucena son la prolongación natural de la religiosidad popular en el ámbito material. Sin ellos, los pasos de Semana Santa y Gloria no lucirían con la misma magnificencia ni la tradición tendría la fuerza estética que hoy la caracteriza. Son espacios de creación y resistencia, donde el tiempo se detiene para dar forma al oro, la madera o el bronce, y donde el arte se convierte en servicio a la fe y a la comunidad.

Gracias a sus artesanos, Lucena no solo mantiene viva su Semana Santa, sino que también engrandece sus festividades de Gloria, proyectando al mundo un patrimonio artístico y humano que enriquece la espiritualidad y el paisaje cultural de toda Andalucía.

Alfarero lucentino – Fotografía de la Delegación de Turismo del Ayuntamiento de Lucena

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