Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Lucena

Nombre Popular:

El Rocío

Fundación:

1972

Sede Canónica:

Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Carmen 

Imaginería:

  • Simpecado de la Hermandad de Lucena (2007)

Presidente:

Juan Luna García

(Anualmente, se designa un hermano/a mayor de camino)

Salida procesional:

  • Salida de Romeros de Lucena hacia Almonte (Sábado anterior al fin de semana de romería) – 10:00 horas
  • Lunes de Pentecostés en Almonte (50 días después del Domingo de Resurreción)

Número de hermanos:

500

Acompañamiento musical característico:

Pitero al son de la flauta y el tamboril

A

Indumentaria de los hermanos:

La mujer suele llevar traje de flamenca, largo y entallado, adornado con volantes, lunares o colores vivos. Complementa su atuendo con mantoncillo, flor en el pelo y pendientes llamativos. Al cuello porta la medalla de su hermandad, sujeta con un cordón, como símbolo de pertenencia y devoción hacia la Virgen.

El hombre viste traje corto andaluz, compuesto por pantalón ajustado, camisa blanca, chaleco y chaquetilla. En ocasiones lleva sombrero de ala ancha y botas camperas. Al igual que la mujer, luce la medalla de su hermandad colgada al cuello, representando su fe y su compromiso con la tradición rociera.

La devoción a la Virgen del Rocío, conocida universalmente como la Blanca Paloma, hunde sus raíces en una antigua tradición vinculada al hallazgo de la imagen en el paraje de La Rocina, en Almonte. Según la tradición, fue el cazador Gregorio Medina quien encontró la sagrada talla oculta entre la maleza, en el hueco de un árbol, revestida con una túnica blanca y verde y bajo la advocación primitiva de Nuestra Señora de los Remedios. Aquella imagen, venerada posteriormente como Nuestra Señora de las Rocinas, acabaría convirtiéndose con el paso del tiempo en uno de los grandes símbolos devocionales de Andalucía y de toda España bajo la advocación de Nuestra Señora del Rocío.

La Virgen fue proclamada Patrona de Almonte en el siglo XVII y coronada canónicamente el 8 de junio de 1919, por autorización del papa Benedicto XV. Su romería, celebrada cada Pentecostés, constituye hoy una de las mayores manifestaciones de religiosidad popular del mundo.

En Lucena, la devoción rociera comenzó a crecer gracias a numerosos vecinos y familias que acudían de forma particular a la aldea almonteña. El impulso definitivo llegaría con motivo de las Bodas de Oro de la Coronación de la Virgen del Rocío, celebradas en mayo de 1969, cuando se organizó un viaje colectivo cuya extraordinaria acogida despertó el deseo de constituir oficialmente una hermandad rociera en la ciudad.

Con el apoyo de D. Carlos Delgado Paniagua, párroco de la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen, quedó constituida la junta fundadora integrada por devotos como Juan Lara, Manuel Arroyo, Emilio Marín, José Marín, Pablo Plaza, José López, Manuel Onieva, Juan Marín, Juan Bujalance, Juan Luis Reyes y Antonio Blancas, entre otros.

La Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Lucena fue fundada oficialmente el 2 de junio de 1970. Sus estatutos fueron aprobados el 17 de marzo de 1972 por el obispo de Córdoba, Monseñor José María Cirarda Lachiondo, quedando establecida canónicamente en la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen, templo con el que mantiene desde entonces una estrecha vinculación espiritual, pastoral y humana.

Ese mismo año, la Hermandad Matriz de Almonte reconoció a la hermandad lucentina como filial, otorgándole el número 41 y realizando su primera presentación oficial en la Romería de 1972. Fue amadrinada por la Hermandad del Rocío de Barcelona, que visitó Lucena por primera vez el 17 de mayo de 1972.

La hermandad lucentina ocupa un lugar destacado dentro del movimiento rociero andaluz al ser la primera Hermandad del Rocío de la provincia de Córdoba. Posteriormente amadrinó a la Hermandad del Rocío de Córdoba en 1977 y a la de Castillo de Locubín en 1983, contribuyendo decisivamente a la expansión de la devoción rociera en Andalucía Oriental.

La Casa Hermandad en El Rocío

Uno de los grandes hitos patrimoniales de la hermandad fue la adquisición, en 1980, de un solar en la aldea almonteña para levantar la actual Casa Hermandad de Lucena. La primera piedra fue colocada durante la peregrinación de octubre de 1985, siendo bendecida definitivamente la casa en 1987 por D. José Ocaña Mesa, párroco del Carmen y consiliario de la hermandad. Desde entonces, la Casa Hermandad constituye el hogar de los rocieros lucentinos en la aldea, lugar de acogida, convivencia, oración y fraternidad durante las peregrinaciones y la Romería de Pentecostés.

El Simpecado

El gran símbolo espiritual de la hermandad es su Simpecado, insignia que representa la presencia permanente de la Virgen durante el camino y los cultos. La hermandad ha contado a lo largo de su historia con varios Simpecados. El primero, confeccionado en Lucena para la presentación de 1972, era sencillo y de pequeñas dimensiones, incorporando la imagen de la Virgen junto al castillo y la estrella, símbolos de la ciudad.

El segundo Simpecado, estrenado en 1973, fue realizado en raso blanco bordado en oro y presidió durante décadas los caminos de la hermandad. Especial relevancia tuvo el tercer Simpecado, bendecido en 1995, diseñado por el hermano Antonio Budia Sabán y enriquecido con trabajos de orfebrería de los talleres de Juan Angulo Servián. Inspirado en un retablo barroco y en el camarín de María Santísima de Araceli, conjugaba bordados, plata y simbología mariana y cristológica en una composición de enorme riqueza artística.

El actual Simpecado fue bendecido el 23 de junio de 2007 y realizó su primer camino en Pentecostés de 2008. Bordado en oro sobre terciopelo rojo, incorpora en su composición el escudo de Lucena y el de la Parroquia del Carmen, convirtiéndose en uno de los grandes emblemas devocionales de la hermandad.

El Simpecado procesiona sobre una carreta tirada por mulos. La primera carreta de la hermandad, realizada en madera policromada en blanco y oro, fue diseñada por Manuel Arroyo Puech y estrenada en 1978. Posteriormente sería sustituida por la actual carreta de plata, salida de los talleres lucentinos de Hermanos Gradit. Durante el camino, el Simpecado nunca permanece solo. Siempre va acompañado por peregrinos que realizan promesas caminando tras él en silencio, rezando o incluso descalzos, en una de las expresiones más profundas de la espiritualidad rociera.

La medalla de la Hermandad

La medalla de la hermandad constituye otro de sus grandes símbolos identitarios. Las primeras medallas, conocidas popularmente como “de pandereta”, incorporaban la imagen de la Virgen del Rocío y cordón verde y blanco. En 1977, el hermano Manuel Arroyo Puech diseñó la medalla actual, inspirada en el escudo de Lucena y enriquecida con la imagen de la Virgen del Rocío y los símbolos históricos de la ciudad: el castillo, la estrella y la flor.

Cultos, acción social y vida de hermandad

La Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Lucena desarrolla una intensa vida espiritual, cultual y de convivencia durante todo el año, manteniendo además una estrecha colaboración con la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y participando en distintas iniciativas solidarias y de ayuda fraterna. Cada mes de enero celebra su Asamblea General de Hermanos, donde se abordan los asuntos fundamentales de la corporación y se ratifica el nombramiento de la Hermana o Hermano Mayor.

Especial relevancia posee el tradicional Cambio de Medalla, celebrado tras la festividad de la Candelaria. En este acto, profundamente simbólico, la Hermana o Hermano Mayor saliente entrega la medalla distintiva a quien asume la responsabilidad de representar a la hermandad durante el nuevo año rociero. Dos semanas después de la Semana Santa comienzan los cultos preparatorios hacia Pentecostés con la celebración del Solemne Triduo, jornadas de oración que incluyen Rosario, Eucaristía y convivencia fraterna.

El sábado culmina con el tradicional Pregón del Rocío, uno de los actos más esperados del calendario rociero lucentino, donde la palabra emocionada del pregonero anuncia la inminente llegada del camino. Durante el mismo acto se presenta el cartel anunciador de Pentecostés y se hace entrega de la Medalla de Oro de la hermandad. La jornada concluye con la tradicional Cena de Hermandad, reflejo del carácter familiar, cercano y participativo que define a la corporación.

La música ocupa igualmente un lugar esencial dentro de la vida de la hermandad. Los sones del coro rociero, la flauta y el tamboril acompañan tanto los cultos como el camino, convirtiéndose en parte inseparable de la identidad espiritual y festiva de los rocieros lucentinos. La hermandad mantiene además un marcado carácter intergeneracional, en el que familias enteras, jóvenes rocieros y nuevos peregrinos participan activamente en la transmisión de una devoción que ha pasado de generación en generación, manteniendo viva la esencia del Rocío en Lucena.

Pentecostés y el Camino

La salida hacia la aldea constituye uno de los momentos más emocionantes del año. Tras la Misa de Romeros, la carreta del Simpecado abandona la Parroquia del Carmen y recorre las calles de Lucena entre vivas, pétalos, cohetes y el acompañamiento de numerosos fieles. A partir de ese instante comienza el auténtico camino rociero. Días de convivencia, oración y sacrificio en los que el polvo, el cansancio y las largas jornadas se transforman en experiencia de fe compartida.

El rezo del Ángelus, las salves al caer la tarde, las paradas en el camino y la convivencia entre peregrinos convierten la peregrinación en una auténtica experiencia espiritual y humana. La llegada a la aldea de El Rocío y la presentación oficial ante las plantas de la Virgen representan uno de los instantes culminantes para la hermandad. Durante Pentecostés, la Casa Hermandad de Lucena se transforma en un espacio permanente de encuentro y fraternidad para los rocieros lucentinos.

Todo culmina en la madrugada del Lunes de Pentecostés, cuando tras el tradicional salto de la reja, la Virgen del Rocío visita el Simpecado de Lucena en uno de los momentos de mayor emoción y fervor de toda la Romería.

Una devoción profundamente arraigada

La Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Lucena constituye hoy una de las corporaciones de gloria más queridas y arraigadas de la ciudad. Su historia refleja el crecimiento de una devoción transmitida de generación en generación y profundamente vinculada a la religiosidad popular andaluza. Fe, convivencia, caridad, tradición y camino se unen cada año en torno a la Virgen del Rocío, haciendo de la hermandad una auténtica familia rociera que mantiene vivo en Lucena el espíritu de Pentecostés y el amor a la Blanca Paloma.

*Documentación aportada por la propia cofradía.

*Fotografías: Jesús Cañete Fernández.

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