Venerable Cofradía de María Santísima de la Aurora

Nombre Popular:

La Aurora

Fundación:

1717

Sede Canónica:

Ermita de Nuestra Señora de la Aurora

Imaginería:

  • Nuestra Señora de la Aurora (Atribuida a José de Medina entre los años 1756 y 1759) – Trono de 22 santeros

Hermano Mayor:

Pepe García Cruz

Salida procesional:

Segundo domingo del mes de octubre 

Número de hermanos:

320

Acompañamiento musical característico:

Coro de Campanilleros de la Aurora

A

Túnica de los santeros:

Blanca con anagrama de la Cofradía, capirote azul y cordón granate. 

Hay constancia de que en los años finales del siglo XVII algunos fieles del barrio que tiene como centro la actual calle Abad Serrano, o de la Aurora, salían por las noches cantando el Santo Rosario.

La imagen de su titular se veneraba en un cuadro salido de los pinceles del clérigo y artista lucentino D. Leonardo Antonio de Castro Hurtado, colocado en una hornacina en la pared de una casa de la calle Catalina Marín, y que hoy puede admirarse en la ermita, enmarcado por un bello retablo, situado en el lado izquierdo, obra de Francisco José Guerrero.

Por aquellos años, para distinguirla de la Virgen del Rosario, que, entre otros, con el sobrenombre de “la Dorada” recibía culto en el cercano templo dominico de San Pedro Mártir, aquellos devotos le impusieron el nombre de Aurora.

Un antiguo cronista local, D. Luis Próspero Villalba, refiere que en 1714 tres nobles caballeros de esta ciudad proporcionaron “construir y levantar ermita y cofradía a esta Soberana Reyna”. No obstante, parece que tres años antes, el papa Clemente XI ya había concedido indulgencias a todos los cofrades de ambos sexos de la Venerable Hermandad de María Santísima de la Aurora, erigida canónicamente y establecida en su ermita de la ciudad de Lucena. En el año de 1714 se comienza su construcción, siendo bendecida con gran solemnidad y procesión del Santísimo desde la parroquia mayor de San Mateo hasta la ermita a finales de noviembre de 1715.

La construcción de la sencilla ermita donde se venera a la Virgen María bajo tan entrañable advocación ha de agradecerse fundamentalmente a la devoción y generosidad de un sacerdote lucentino, don José Arjona Hurtado, que, a sus expensas, la edificó, fundando una capellanía tan generosamente dotada que los cofrades, en agradecimiento, le concedieron el título de patrono en 1725.

Hacia mediados del siglo XVIII conoció la cofradía, y como consecuencia la ermita, una época de gran esplendor. Tanto que se dotó con los magníficos retablos que posee: los laterales, obra del citado Francisco José Guerrero, y el principal, tallado, como el camarín de la Virgen, por el escultor y tallista local Pedro de Mena Gutiérrez. La imagen de Nuestra Señora de la Aurora se encargó a un escultor de fama, seguramente José de Medina, que por aquellas fechas realizaba otros trabajos para Lucena. En el año 2025, la imagen fue restaurada por los artistas Manuel Espejo Mármol y Miguel Sánchez Jiménez.

Celebra sus fiestas en octubre. Concretamente, el segundo domingo de este mes es la celebración de la función solemne y la procesión de la preciosa, hermosa y milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Aurora. Tiene como particularidad el arco de flores naturales que, a modo de resplandores, cada año se le renueva en su colorido.

En las vísperas del día grande, el sábado por la tarde, se reza el Santo Rosario, salve y coplas. Para dar lugar a medianoche al saludo de los campanilleros por su onomástica e iniciando un recorrido por la ciudad, visitando los distintos barrios de la misma a modo de aviso, de convocatoria, como se hacía desde la fundación de la cofradía en los siglos pretéritos. El lunes siguiente a la onomástica de la Virgen comienza una novena en su honor, donde se cantan las coplas de campanilleros. El tercer domingo de octubre tiene lugar el tradicional Rosario de la Aurora y el besamanos de tan hermosa y venerada imagen de Nuestra Señora.

Los campanilleros son un grupo de voces masculinas acompañados con instrumentos de cuerda, tales como violín, bandurria, laúd y guitarra principalmente y, por supuesto, las campanillas características. En su origen, e incluso hoy aunque algo más difuso, tenían el loable compromiso de convocar al Santo Rosario o procesión de la Virgen, abriendo siempre la comitiva como así consta en las actas capitulares de esta institución.

Al valor de esta devoción; al joyero que es la ermita; a las obras de arte que atesora, hay que añadir el prodigio de unas coplas, cuyas letras están escritas para, adornadas con música de instrumentos de cuerda y campanillas, sonar en honor a la Madre de Dios, que su origen era convocar a los hermanos a las procesiones, siendo una avanzadilla de las mismas.

*Fuente Documental: Notas para la historia de las cofradías lucentinas (Francisco López Salamanca – 2022) y documentación aportada por la propia cofradía.

*Fotografías: Jesús Cañete Fernández.

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