Autor: Manuel Guerrero Cabrera, profesor y escritor
(Artículo publicado en la Revista Torralbo de 2023)
El 25 de febrero de 1895, al día siguiente de que se levantaran varias aldeas en Cuba contra España, nuestra gloria del flamenco Paco de Lucena actuó en la Sala Erard de París para lograr otro gran triunfo. Mientras la lucha se intensificaba en la isla, en Lucena se celebró sin ningún impedimento el carnaval, con bailes en el Círculo Lucentino y en el Café Universal, así como una Estudiantina formada por la comisión de festejos recorrió las calles con sus canciones.
El Gobierno ya había enviado una partida de soldados a Cuba, cuando comenzó la Semana Santa, el Domingo de Ramos 7 de abril. Hubo procesiones, anunciadas en la edición del Diario de Córdoba del 27 de marzo, con la salida de las archicofradías de Nuestra Señora del Carmen, Veracruz y Nuestro Padre Jesús Nazareno:
Estrenará este año la Venerable archicofradía de Jesús Nazareno un hermoso palio de plata y terciopelo bordado, y la sagrada imagen una túnica bordada en oro, cuya tela ha sido costeada por una ilustre señora.
También, en ese mismo periódico se adelanta lo que se está preparando para las fiestas dedicadas a Nuestra Señora de Araceli del mes de mayo, cuyo programa aparece completo en la edición del 1 de mayo:
El día 4, a las 8 de la mañana, la Charanga de Cazadores de Cataluña tocará Diana por las calles; a las 12, repique de campanas, cohetes y la inauguración de una exposición de trabajos industriales, artísticos, de «labores de la muger», plantas, flores y pájaros, de nuevo con la charanga amenizando el acto; a las 6 de la tarde, Solemnes Vísperas y Salve en la parroquia de San Mateo cantadas por la Capilla de la Catedral de Córdoba, dirigida por don Juan A. Gómez Navarro; a las 9 de la noche, «iluminación general a la veneciana» y música en las plazas de Alfonso XII (Plaza Nueva), San Agustín, el Coso y de San Miguel, y velada en esta última y en la calle Las Torres; a las 11, fuegos artificiales de los lucentinos Molero Hermanos en el Coso. Por cierto, la iluminación a la veneciana se trataba de adornar farolillos con vidrios o papeles de colores que contenían una vela –y posteriormente una bombilla, con la llegada de la electricidad– en su interior.
El día 5, al amanecer, repique de campanas y cohetes. A las 9, misa cantada por la Capilla de la Catedral de Córdoba «panegirizando las glorias y grandezas de Nuestra Madre y Patrona María Santísima de Araceli» el Muy Ilustre señor don Juan Galán, canónigo de la Catedral de Jaén, a la que asistieron parroquias, corporaciones, ayuntamiento, etc., y la charanga catalana. Desde las 1 hasta las 3, varias señoritas repartirán limosna de pan a los pobres en la iglesia de Santo Domingo, el cuartel de la Guardia Civil, la escuela de San Francisco de Paula, el palacio del Duque y Tonelera de don Gabriel de Lara. A las 5 fue la procesión de María Santísima de Araceli, acompañada por cofradías, gremios, ayuntamiento, etc., entre lo que ha llamado nuestra atención que formen parte de la comitiva procesional diecisiete niños pobres «vestidos de limosna con trajes iguales» hechos por las señoritas del Teatro. A las 9 de la noche, se encendió la iluminación en la Plaza de Alfonso XII y tuvo lugar un certamen literario en el Teatro Principal; de las 10 a medianoche, música por la Charanga; y a medianoche baile en el Círculo Lucentino.
El día 6, desde las 4 de la tarde, hubo música y juegos, como la cucaña, en la Plaza de Alfonso XII; y a las 9, de nuevo se encendió la iluminación y hubo teatro en el Principal.
En ese mismo mes de mayo se eligieron nuevos nombres en el ayuntamiento y el primero de julio tomó posesión del cargo de la alcaldía y presidencia el marqués de Campo de Aras, jefe del partido conservador, y demás miembros de la corporación.
Pero en el trasfondo de las fiestas y de la vida cotidiana estaba la guerra en Cuba, pues, al igual que en otras localidades, se iban llamando a filas a los lucentinos. Obviamente, fue este hecho el que más información acaparaba, pero Lucena dio un par de tristes noticias que se difundieron en prensa nacional, la de las muertes del farmacéutico Elías Bañales Gómez por rompérsele una vasija con ácido sulfúrico, y la del niño jornalero –tenía 14 años– Manuel Arroyo, que cayó del trillo y este le pasó por encima.
La Virgen de Araceli se quedaría en Lucena hasta el 3 de noviembre. Este día, hubo una función religiosa a las 10 de la mañana realizada por el párroco de Santo Domingo Rvdo. P. Baltasar Moner, que fue antes Guardián del convento de RR. PP. franciscanos; y a las 2:30 horas de la tarde salió la Patrona hacia su santuario, recientemente restaurado, con toda Lucena despidiéndola en las afueras.
Curiosamente, quedó una honda tristeza, un mal sabor de boca entre la gente del pueblo, que comentaba lo inoportuno de que se marchara la Virgen en plena «guerra separatista cubana», al no poder tenerla tan cerca a Nuestra Señora de Araceli para rogar por los hijos y maridos que estaban luchando en ella. De igual manera, había un pensamiento común de que hubiera sido conveniente haber hecho alguna rogativa a Nuestra Madre para que tuviera lugar el fin de la guerra. El final tuvo lugar, como es bien sabido, en 1898, después de que entrara EE. UU. a apoyar la causa cubana, con la consiguiente derrota española.
En el libro coordinado por Patricio Hidalgo Nuchera, Andalucía y la repatriación de los soldados del 98, aparecen los nombres de varios lucentinos que fueron repatriados tras el final de la guerra, que incluía también los de Filipinas, que previamente se habían publicado en el Diario de Córdoba, entre 1898 y 1899: Cristóbal Suárez Fernández, Andrés López, José Castro, Cristóbal Navarro Hernández, Antonio Gómez Margal, Felipe Corral Gómez, Vicente Garrido López, Antonio Delgado Gusin, Francisco Chamoda Pineda, José Villa Molina, José Cano Jiménez, Emilio Barreros de la Cruz, Pedro Calzado Lozano y Bernardo Criado Hurtado, entre otros, pues hay varios de quienes no se indica el lugar.
Probablemente, muchos de estos lucentinos vivieron tanto la Semana Santa como las fiestas de la Virgen de Araceli de aquel 1895 antes de partir a la guerra, lejos de su tierra y de su vida.
BIBLIOGRAFÍA Y PRENSA
HIDALGO NUCHERA, Patricio (2010): Andalucía y la repatriación de los soldados del 98. Sevilla, Fundación Pública Andaluza Centro de Estudios Andaluces, Junta de Andalucía, pp. 77-82.
Diario de Córdoba (27-3-1895, 1-5-1895, 17-5-1895, 9-7-1895, 10-7-1895)
El Movimiento Católico (6-11-1895)
La correspondencia de España (25-2-1895, 21-8-1895)
Fotografía del artículo: Jesús Cañete Fernández
